¿Sueñan los programadores con ovejas eléctricas?

Lo bueno de ir a un AOS sin esperar nada es que flipas mucho. Ya el año pasado flipé bastante en Santiago, así que este último fin de semana me fui a Segovia – con @abogadopenal y @pepellou – para escuchar a la comunidad agile compartir sus experiencias, y sobre todo sus frustraciones. Me gusta el formato “terapia de grupo” que se usa para hablar de eficiencia, de optimización, de procesos pero sobre todo de problemas comunes, a los que pocas veces se da una solución única.

Es curioso que cuando estás rodeado de programadores, informáticos, desarrolladores y demás tribus surgen siempre preguntas que a priori parecen extrañas, y que luego se nos meten en el cerebro y no se marchan hasta que las vomitas en un artículo. Para hoy tenemos un bonito post, donde resuena la misma pregunta que se ha venido repitiendo últimamente en los saraos: ¿tengo que crear un código si sé que el software para el cual lo creo va en contra de mis convicciones personales? ¿me pueden obligar a participar en algo oscuro/poco ético/ilegal sólo por tener un acuerdo previo? ¿firmo con sangre mis contratos o existe algún límite?

Nuestros colegas de Calidae, Oriol y Adriá, embarcados en pleno proceso de gallegización, se reafirmaron con un DEPENDE. Depende del código, depende de si es un producto o servicio, depende de si sabes de antemano cual es la finalidad o no. Todo depende. Supongo que cuando te contratan para programar algo de lo que conoces su finalidad, es más sencillo medir en qué medida esa finalidad es compatible con tus principios. En cambio, si es una empresa la que te contrata y te va asignando determinadas tareas en las que no conoces el producto final… pueden surgir conflictos. Incluso, siendo retorcidos, puede ocurrir que en un determinado momento cambie la filosofía de la empresa y pase de producir software para juguetes bélicos a producir software para bombas de destrucción masiva, porque han escalado y pivotado y se han vuelto muy locos.

La ética profesional es igual de importante en todos los oficios. En el mundo de la programación existe hasta un código (la versión sencilla está aquí) y viendo la capacidad zen de los agilistas estoy convencido de que ellos también lo tienen, pero en él no se mencionan expresamente los conflictos de interés que pueden surgir entre un profesional y su empresa a la hora de trabajar. De hecho, lo único que se acerca un poco sería en el principio 2: “9. No promover intereses adversos a su empresario o cliente, a menos que se comprometa un interés ético más alto; en ese caso, informar al empresario u otra autoridad apropiada del interés ético en cuestión.” Ese interés ético más alto podría ser la propia moral del desarrollador, por ejemplo.

Es curioso imaginar en qué puede desembocar esto, si nos ponemos extremistas podríamos estar ante el despido de un empleado, o la finalización de un contrato agile. ¿Podrían llegar a despedirme por negarme a hacer algo que va contra mis principios?. Profesiones que reconocen esta experiencia, y de las pocas que la regulan son la medicina y el periodismo. En legislaciones más avanzadas que la nuestra se recogen explícitamente las llamadas “cláusula de conciencia”, donde a un periodista profesional se le puede cesar en su trabajo por el contenido de sus publicaciones, o por no estar de acuerdo con lo que se denomina “línea editorial” del medio, pero este cese tiene las consecuencias de un despido. En España esta cláusula es tácita, reconocida constitucionalmente, y un periodista puede pedir el cese de la relación laboral “cuando la línea editorial o la orientación ideológica del medio de comunicación haya cambiado notoriamente, de forma tal que el periodista se considere afectado negativamente en su ideología o en su dignidad profesional”. Los médicos acuden a la objeción de conciencia para desarrollar su trabajo, donde se exonera al profesional de sus obligaciones médicas por atentar estas contra su conciencia. Aunque se pueda usar de forma artificiosa y fraudulenta, al menos es una salida a hacer cosas que en realidad te pagan por pero no quieres hacerlas.

Me pregunto si sería posible llevarlo al campo de la informática, cuando un empleado es “obligado” a participar en un programa o un desarrollo que va contra su conciencia. Se me ocurren múltiples motivos: un app que atenta contra la dignidad de las personas, una funcionalidad que podría considerarse “alegal” (Alegal is de the new blck!),… Los que hayan contribuido en programas de experimentación animal, los de Tinder, los que desarrollaron ese sistema por el cual algunas webs de viajes identifican tu IP y cuando vuelves por segunda vez te dan un precio distinto, los que detraen dinero de comisiones que van a parar a un sitio oscuro y lóbrego. Aquellos, en fin, que con su software contribuyen a que el mundo sea un lugar más feo.

Esta misma reflexión la encuentro hace unos días, preparando este post, leyendo a @BillSourour en su artículo: The code I’m still ashamed of. En este post Bill cuenta una historia de la que fue protagonista al inicio de su carrera, básicamente le encargaron hacer una web donde se recomendaba un medicamento para mujeres. Ya que la legislación en Canadá es muy estricta en cuanto a publicidad y medicamentos, se vieron obligados a usar toda su imaginación para bordear los límites legales y presentar el medicamento como algo maravilloso. El problema, que él desconocía: los fuertes efectos secundarios que presentaba, como que podía provocar depresión. Al poco de concluir su trabajo Bill se enteró de que una chica tomando esa medicación se había suicidado, y dejó la empresa.

¿Fue Bill muy valiente o muy estúpido al renunciar a su puesto de trabajo? En el propio post reconoce que, desde entonces, se piensa dos veces la finalidad de lo que va a programar antes de hacerlo. Esta sin duda es la mejor arma contra la programación deshonesta, pensar las cosas, pero no siempre tienes toda la información para hacerlo. ¿Podría considerarse excesivo solicitarla al empleador por escrito, al realizar el encargo? Si eres un empleado, ¿cómo tener todo el dibujo frente a ti cuando te corresponden esas líneas de código? Se me ocurre que en ambos casos podrías incluir una cláusula donde específicamente se construya una salida previamente pactada, si tu servicio/producto es usado para fines poco éticos, o con los que radicalmente estés en contra. Personalmente considero que es más sencillo, si la empresa de antemano sabe que tienes esos “límites éticos”, que consigas salir de la empresa con una pequeña indemnización y no con una mano delante y otra detrás, por hacer algo que consideras injusto o contrario a tus pensamientos.

En el código ético de los programadores se dice que los profesionales tienen que velar porque todo aquello que programen no reduzca la calidad de la vida de las personas…Quizá lo triste es que tenga que haber un código ético, o una salida legal, no sólo para los programadores sino también para cualquier otra profesión donde el trabajo se oponga a los valores de los propios empleados.

Para jugar limpio lo ideal sería que los programadores (o cualquier profesional de tribus similares) que quiera no participar en una programación de un determinado tipo lo dejen claro desde el momento en que van a ser contratados, e incorporar esa condición a la modalidad de contrato… algunos pensarán: “Es fácil decirlo, no eres tú quien se juega el trabajo” …y es verdad, no me lo juego pero duermo tranquilo. Al igual que en la metodología agile, existe la regla de los dos pies, y a veces es más fácil trazar una línea roja y ser lo suficientemente valientes como para mantenernos firmes en esa decisión, y marcharnos de donde estemos, que agachar la cabeza y comportarnos como unos malditos androides.

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