Dejad de usar mi correo electrónico.

Hace unos días llegó a nuestros oídos un curioso caso, que parece más habitual de lo que debería:. alguien tiene una dirección de correo elctrónico que sin saber muy bien por qué multitud de personas utilizan para darse de alta en diversos servicios/páginas de internet. Rarito y escalofriante…

Supongamos que alguien se llama Micu y que su cuenta es micuenta@chupimail.com. A Micu, gracias a estas iniciativas de desconocidos que no deben tener cuenta de correo propia, le llegan todo tipo de cosas a su cuenta: spam, encargos de alta costura, recibos de amazon, altas en páginas de contacto para solteros exigentes o videojuegos, curriculums, facturas, anuncios de segunda mano… Al principio Micu avisaba a los remitentes de que ese correo no era el que ellos creían, sin resultado. Después empezó a cabrearse y daba de baja los servicios, de nuevo sin resultado. A Micu se le inflaron los cuernos y directamente entraba en los servicios y cambiaba la contraseña, o solicitaba la baja. En algunos servicios, como la web de contactos, nunca logró que dejaran de mandarle información, con el consiguiente cabreo de la pareja de Micu cuando veía la bandeja de entrada de su correo. Vivan los derechos de los consumidores.

¿Cómo puede una persona darse de alta en un servicio con una cuenta de correo electrónico que no sea suya?

La verdad es que no tiene mucho sentido. La primera razón que se nos ocurre es que esa persona no quiere que se conozca su identidad real, aunque resulta perfectamente posible identificar a un usuario por una cuenta gratuita en chupimail.com. La segunda razón estaría más relacionada con la capacidad intelectual de esa persona, pero quienes somos nosotros para juzgar a nadie…

La razón última de esta situación la encontramos en la existencia de webs, que para el proceso de registro únicamente te solicitan una cuenta de correo electrónico válida, un nombre de usuario y una contraseña. Y tira millas. La mayor parte de los servicios ya están vinculados a dispositivos móviles, lo que hace que al fin y al cabo la cuenta de chupimail que facilitas sea lo de menos, porque además muchas webs ni siquera verifican que seas el titular de la misma.

Esto es un trío: Micu, el suplantador y la web

Esta curiosa situación la tenemos que analizar desde tres puntos de vista: la víctima, el usurpador y la web (internet en general).

La víctima, Micu se encuentra en una situación complicada, porque le petan el mail todos los días y su pareja quiere pedir el divorcio. Lo primero que debería hacer es cambiar las credenciales de su cuenta de correo, en este caso de chupimail. Si fuera Gmail, por ejemplo, en sus términos y condiciones ya te dice que:

Para proteger tu cuenta, mantén la confidencialidad de tu contraseña. Eres responsable de la actividad que se desarrolle en tu cuenta de Google o a través de ella. Intenta no reutilizar la contraseña de tu cuenta de Google en aplicaciones de terceros. Si detectas un uso no autorizado de tu cuenta de Google o de tu contraseña, sigue estas instrucciones.

No es que solucione mucho, pero al menos podríamos chivarnos a Google y buscar otras alternativas. En el caso de chupimail, como en sus términos y condiciones no pone nada a Micu le quedan dos opciones: denunciarlo en las autoridades competentes o borrar/dejar de usar esa cuenta de correo electrónico, dependerá de la energía y las ganas que tenga esa persona de defender lo que es suyo.

El usurpador, la persona que usa la dirección de correo electrónico de Micu. Hay que ser imbécil para darte de alta con la cuenta de correo de otra persona, pero dependiendo de la actividad que realices con ella el mayor perjudicado podría ser él. Por ejemplo, suscribirse a un servicio de pago usando una dirección de correo que no es la propia puede provocan la cancelación del servicio por haber sumistrado información falsa en el proceso de registro. Véase Netflix:

5. Contraseña y acceso a la cuenta. El suscriptor que haya creado la cuenta de Netflix y cuyo Método de pago sea cargado (el “Titular de la cuenta”) tiene acceso a la cuenta de Netflix y control sobre ella así como de los dispositivos compatibles con Netflix utilizados para acceder a nuestro servicio. Para mantener el control sobre la cuenta y evitar que cualquiera acceda a ella (que incluiría información sobre el historial de visionado de la cuenta), el Titular de la cuenta deberá mantener el control de todos los dispositivos compatibles con Netflix que se usen para acceder al servicio y no revelar a nadie ni la contraseña ni los detalles del Método de pago asociados a dicha cuenta. Eres responsable de actualizar y mantener la veracidad de la información que nos facilites acerca de tu cuenta. Podemos cancelar tu cuenta o bloquearla para protegerte a ti, a Netflix o a nuestros asociados de usurpación de identidad o de otra actividad fraudulenta.

Y ya como a Micu se le ocurra cambiarte la contraseña via correo electrónico – cosa que no recomendarmos porque te puedes meter en un problema serio – el Usurpador está jodido dejame escribir jodido c*ñ* jod***, por eso le recomendamos a nuestra amiga Micu que lo ponga en conocimiento del proveedor del servicio y que no acceda al mismo.

Si el Usurpador lo que pretende es usar la dirección de correo electrónico de Micu para cometer delitos y así ocultar su identidad – repetimos que no sirve de mucho porque a través de la IP se le puede localizar igual, pero por lo de pronto Micu se llevaría un susto – podría ser castigado con las penas que correspondan al delito cometido más las del delito de usurpación del estado civil (artículo 401 del Código Penal).

La web, es un prestador de servicios y por tanto se encuentra sujeta al ordenamiento jurídico en general y a la LSSI (Ley de Servicios de la Sociedad de la Información) en particular. La web lo que debe tener muy claro es que la dirección de correo electrónico es un dato personal. No porque lo digamos nosotros, sino porque así lo dice la Agencia Española de Protección de Datos en su informe 0437/2010 donde explica que, en la medida en una dirección de correo identifica a su titular, debe considerarse como dato de carácter personal. Lo mismo dice la Audiencia Nacional en su sentencia de 25 de mayo de 200, que toiene incluso más power que la AEPD.

Si bien dentro del deber de diligencia exigible a las webs no está incluido el de comprobar la exactitud de todos los datos que le suministran los usuarios, lo que sí está incluido dentro de sus obligaciones es que una vez que conocen la inexactitud o falsedad de los datos actuar para corregir la ilicitud, así lo impone el artículo 16 LSSI.

En nuestro caso, Micu está cansada de decírselo a las webs y ninguna le hace caso; esta pasividad acarrea necesariamente una responsabilidad que la LSSI dice que será civil, penal y administrativa (artículos 13 y siguientes LSSI) y como a Micu se le inflen un poco más los cuernos a lo mejor empieza a denunciar a prestadores de servicios y veréis que felicidad para los que cobren las multas correspondientes.

Conclusión

Esta situación no tiene una solución sencilla ni mucho menos rápida cuando ni quien te proporciona la dirección de correo electrónico ni las webs te hacen caso. La solución más sencilla es marcar esas webs como spam y vaciar la papelera; la que nosotros recomendamos es denunciarlo a la policía o a la agencia de protección de datos, es gratis y ellos se encargan de todo.

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